Sobre ética experimental: preguntas y respuestas con Fernando Aguiar

Esta semana inauguramos un nuevo formato en el blog. Con ocasión de la entrevista que realizamos a Fernando Aguiar, los que siguen el blog podrán durante unos días enviar preguntas o comentarios a raíz de lo expresado en el podcast. Fernando ha amablemente accedido a responder, en la medida de lo posible, a preguntas y comentarios enviados en los dos días posteriores a la publicación de esta entrada.

Experimental Photograph. CC BY: Eelke Dekker (2008)

 

La ética es una disciplina de estudio con más de dos milenios de antigüedad. ¿Es posible contribuir algo inédito en la teoria ética a partir de una metodología novedosa? Los filósofos experimentales piensan que sí. Conversamos con el investigador del Instituto de Estudios Sociales Avanzados, Fernando Aguiar a propósito de las aportaciones de la ética experimental.

Para escuchar la entrevista, pulsa aquí.

Desde este jueves por la tarde puedes dejar tus preguntas o comentarios aquí abajo (en la página principal de esta entrada).

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10 respuestas a Sobre ética experimental: preguntas y respuestas con Fernando Aguiar

  1. Toni Gomila dijo:

    Dos cosillas para Fernando, sobre la entrevista:
    – ¿cómo ves la relación entre la ética experimental y la psicología de la moralidad? ¿Los experimentos de los filósofos experimental son del mismo tipo que los experimentos de los psicólogos?
    – no tengo muy claro esto de investigar las intuiciones… en la versión tradicional, se supone que la intuición es un modo de obtener a priori conocimiento necesario; pero si no las tiene el filósofo experto, ¿por qué las va a tener el lego? Y si las tiene, ¿qué valor epistémico tienen?

    Un saludo,

    toni

    • Hola, Toni, gracias por tus preguntas que, lejos de ser dos “cosillas”, van al centro del asunto y, además, están relacionadas. No cabe duda de que la relación entre psicología de la moralidad y ética experimental es muy estrecha, tanto que para algunos autores (Knobe) no hay diferencia, más allá del hecho de que los filósofos abordan viejos problemas filosóficos con técnicas procedentes de la psicología experimental. Entre esas cuestiones cabe destacar estas tres: a) cómo “arraigan” los conceptos morales en la mente de las personas, b) hasta qué punto las intuiciones morales de los filósofos son de “sentido común”, como muchos de ellos creen y c) ¿son robustas las intuiciones de los hablantes? Los defensores del denominado “programa negativo” (Stich, señaladamente) consideran que lo mejor que podemos hacer es olvidarnos de las intuiciones porque no tiene valor epistémico alguno: no pasan de ser producto de la cultura y los prejuicios, tanto las de los filósofos como las de los legos. Para los defensores del “programa positivo” las intuiciones pueden servir, en cambio, como evidencia para contrastar teorías.
      Ambos programas, positivo y negativo, son mentalistas en exceso –de ahí que no vean diferencia alguna con la psicología- y, por ello, obvian el elemento conductual (no solo lingüístico) de los conceptos morales. Estos integran tanto un componente intuitivo (un hecho mental en el que una proposición nos parece verdadera) como uno conductual (“hago X dada mi intuición Y”). El hecho de que se centren en el componente lingüístico les ha llevado a sobrevalorar los experimentos con viñetas y a no prestar atención a técnicas “no mentalistas” procedentes de la economía experimental, por ejemplo. Y en el caso del programa negativo, al no reparar en esta relación, no ha visto el aspecto evidencial de las intuiciones y, por lo tanto, su valor para rechazar teorías éticas: una vez “limpias” mediante un proceso de equilibrio reflexivo las intuiciones de los sujetos morales -que son las que nos interesan- pueden hacernos ver que ciertas teorías son poco recomendables. Es verdad, las teorías éticas son normativas, así que, como diría Singer, las intuiciones reales de la gente deberían importarnos poco. Pero él bien contento se pone, al parecer, cuando la ética experimental (y la neuroética) le da la razón. La ética experimental no es solo psicología, por lo tanto, pues busca equilibrios reflexivos y puede valerse para ello de experimentos económicos y psicológicos. Y si consigue destilar intuciones robustas de los sujetos morales puede mediar en viejos debates teóricos ajenos a la psicología. Un saludo.

  2. hugoviciana dijo:

    Una pregunta que se superpone y prolonga con la de Toni sobre el estudio de las intuiciones. ¿No se queda la filosofía experimental un poco corta a la hora de cubrir el campo de las intuiciones? Puesto que las poblaciones de estudio habituales sobre las que se realizan inferencias suelen ser participantes de alto nivel socioeducativo (típicamente estudiantes) que acuden como voluntarios a las universidades occidentales para participar en este tipo de estudios, cabe preguntarse sobre la validez de muchos de estos estudios para generalizar sus resultados sobre “la gente” en general.

    • Sí, tienes razón, se queda corta. Los experimentos se hacen muchas veces con estudiantes porque es más cómodo, pero eso puede implicar un gran sesgo. Hay muchos estudios en economía y psicología experimentales sobre lo que implica contar solo (o sobre todo) con estudiantes. Sin embargo, se trata de un problema de “muestra”, aunque no en el sentido estadístico de la palabra, claro. Quiero decir que si, en efecto, cabe dudar de la validez de centrarse en estudiantes, lo que hay que hacer es más experimentos con personas de toda clase y condición. Aun así, habría un problema, esto no lo soluciona todo: hacer muchos experimentos con gente de todo tipo no nos asegura la validez externa de los experimentos, es decir, la posibilidad de extrapolar lo que ocurre en el laboratorio a poblaciones mayores o a entornos distintos. Pero el problema de la validez externa no es exclusivo de la filosofía experimental.

  3. arosaslo dijo:

    Hola, quería también hacer un comentario sobre dos versiones de filosofía experimental que percibo en la entrevista.

    1. La primera versión es quizás la X-Phi estrictamente hablando, en la cual por medio de encuestas se recolectan datos sobre las “intuiciones” conceptuales de los hablantes comunes en relación con algún concepto filosófico como “libertad” por ejemplo; estas intuiciones son las que determinan cómo usan esos hablantes esos conceptos, lo que están o no dispuestos a decir con ellos. Y estos datos se comparan con las intuiciones (diversas) de los filósofos. Se puede concluir de esa X-Phi, por ejemplo, que los hablantes comunes en determinada cultura, estrato social, o rango de edad, tienen intuiciones compatibilistas o incompatibilistas sobre la libertad. No es tan claro, sin embargo, cuál debe ser la reacción de un filósofo incompatibilista si se entera que la mayoría de la gente común es compatibilista, o viceversa.

    2. Una versión distinta de X-Phi es a la que se alude en la entrevista cuando se menciona que los experimentos muestran que las personas son “más virtuosas” cuando comen u huelen algo sabroso que cuando comen o huelen algo desagradable. Aquí no se está recolectando datos sobre las “intuiciones” conceptuales de los sujetos experimentales. Se trata de recolectar datos sobre su comportamiento moral en circunstancias X, lo cual puede dar luz sobre cómo funciona el mecanismo (cualquiera que sea) que controla la conducta moral.

    Obviamente, 1 y 2 son dos tipos de investigación muy diferentes. Y quizás convenga restringir el uso de “filosofía experimental” solo a 1. Por cierto, 1. me parece menos interesante, incluso filosóficamente, que 2.

    • Muchas gracias por tus preguntas. Antes de responder a tus preguntas quisiera comenzar con una cuestión de matiz. Los experimentos no son encuestas: se habla de experimento porque hay una variable que queremos explicar -pongamos por caso un comportamiento concreto relacionado con cuestiones de justicia distributiva- y, una vez controlado todo lo demás (edad, recursos, nivel de formación…de las personas que participan en el experimento), manipulamos esa variable para entender cómo funciona. En las encuestas se pregunta a la gente, que responde lo que le parece: su valor es el de la representatividad estadística, no el control de variables.

      Supongamos ahora que, tras hacer cientos de experimentos en toda clase de países y a toda clase de personas, no nos cupiera duda de que la gente es compatibilista. El filósofo incompatibilista podrá decir que la gente se equivoca o podrá decir lo que quiera. Lo que no podrá decir (y eso es lo que hacen unos y otros sin comprobarlo) es que la gente es incompatibilista. Es decir, no podrá apelar a las intuiciones de los hablantes para apoyar sus teorías.

      La segunda cuestión tiene algo que ver con la primera: si tras cientos de experimentos de todo tipo (con olores, con dibujos, recreando situaciones reales, etc.) ningún ser humano se ajusta jamás a lo que recomiendan las más diversas teorías de la virtud, quizá estas teorías deberían reconsiderar su posición, pues se supone que desarrollamos teoría morales para seres morales reales.

      La primera cuestión se parece a la segunda porque ambas son objeto de la filosofía experimental: tanto la pregunta por la naturaleza de las intuiciones como el análisis del comportamiento moral. Ambas cosas están vinculadas en nuestros conceptos, que tienen un elemento claramente conductual. Si alguien nos dice “a mí me parece que eso no está bien” (intuición moral) esperaremos de esa persona que no haga “eso” (comportamiento). Ambas cosas son objeto de la ética experimental (dentro de los límites, claro está, de lo que se puede hacer en un laboratorio).

      • arosaslo dijo:

        Gracias Fernando. Déjame ser el abogado del diablo por un momento, es decir, del filosofo analítico tradicional.

        Nuestro tradicional analítico es incompatibilista. Le presentamos los resultados “compatibilistas” de un experimento X-Phi con control de variables implementado en una muestra aleatoria a nivel mundial. El nos responde: yo hago análisis lógico de un concepto. Mi investigación es normativa y se guía por lo que lógicamente podemos o no podemos decir, por ejemplo, con el concepto de acción libre. Los datos sobre el uso que diversos hablantes dan a concepto tan complicado como “acción libre” no tienen valor epistémico. Esos datos nada dicen sobre lo que es la libertad. Por lo demás, no hay nada de raro que conceptos ideológicamente cargados como libertad, o como conocimiento, o mente, se usen de tantas maneras diferentes como ideologías hay en el planeta. El asunto es, si todos esos usos son coherentes. Este es asunto del análisis lógico (es decir de nuestro personaje analítico).

        Ahora, si a este mismo filósofo le presentas un experimento como el de Libet, lo pones en un predicamento muy distinto: Le puedes preguntar: después este experimento de Libet, ¿sigues creyendo que tu concepto “acción libre” se refiere a algo real en el mundo?

        Ojo: aunque Libet no pruebe nada, la ciencia puede debatir con la filosofía analítica tradicional sobre lo que hay o no hay en el mundo, incluso, o sobre todo, en el mundo mental y social. No creo que la X-Phi, la investigación de las “intuiciones”, pueda debatir con el analítico del mismo modo. Creo que a ambos nos interesa cuestionar al analítico, en especial a aquel que no quiere untarse de hipótesis científicas.

  4. Luis Enrique Segoviano Contreras dijo:

    Hola Fernando
    Me gustaría preguntarte sobre un tema que, dada la brevedad de la entrevista, quizás no pudo ser abordado.
    Dado que la investigación experimental floreciente en muchas ciencias sociales -Economía, Política, Psicología Social, etcétera- no sólo tiene como objetivo dar una representación más precisa de ciertos procesos que afectan la toma de decisiones individual y colectiva, sino también proporcionar elementos para el diseño y gestión organizacional, ¿cómo podríamos emplear los resultados en Ética Experimental para generar cambios de conducta favorables a problemas como el consumo responsable, el cuidado del ambiente, entre otros?

    Por mi parte, al margen de las discusiones teóricas sobre el aporte de las investigaciones experimentales en ética a las perspectivas tradicionales que se han gestado en la disciplina, considero que el punto fundamental radica en que se va generando un cuerpo de conocimientos que permitan hacer intervenciones a situaciones sociales a través de diversas estrategias, normas, etcétera, para modificar pautas de conducta no deseables en las sociedades modernas.

    ¿Cómo consideras se pueden emplear estos resultados experimentales justo para crear políticas públicas y de diseño organizacional que favorezcan más y mejores formas de convivencia social?

    Saludos

  5. Hola, Luis, gracias por tus preguntas. Voy a usarlas para responderte: se pueden emplear los resultados en Ética Experimental para generar cambios de conducta”. Déjame que te ponga dos ejemplos:
    a. Experimentos sobre moral fiscal se están usando para que la hacienda pública diseñe mejores mecanismos institucionales que favorezcan el pago de impuestos.
    b. Experimentos sobre decisiones imparciales se pueden usar para mejorar las decisiones de comités, jurados, asambleas, etc.
    Y estás en lo cierto, te cito: gracias a los experimentos “se va generando un cuerpo de conocimientos que permit[e] hacer intervenciones a situaciones sociales a través de diversas estrategias, normas, etcétera”. Creo que la ética experimental sería de gran ayuda también para profesores de instituto, les resultaría muy útil para que los jóvenes se acercaran a ese “cuerpo de conocimiento”. Un saludo.

    • Perdona, Luis, pero al enviar el comentario he visto que se cortó una frase. Quería decir esto: “Voy a usarlas para responderte: “se pueden emplear los resultados en Ética Experimental para generar cambios de conducta” creando “políticas públicas y de diseño organizacional”.

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